Juan W. YufraTodo texto proyecta una realidad concebida desde los lugares más comunes e inciertos hasta los más intrincados espacios del imaginario; éstos que se sostienen a través de su propio lenguaje enlazan el discurso de la vida y una poética que va de la mano con el reconocimiento del mundo que sólo el creador de dicha realidad puede tocar con sus propias palabras. Esta vez, entre el lenguaje de la poesía y la poesía -que es palabra inmersa en sí misma, por así decirlo- está la belleza. Aquella sutil profanación de lo inasible se torna (universo) en nosotros por contener los rasgos de la emoción y de la existencia tangible, ya que poesía es el discurso del espejo:
la belleza se observa en los espejos. (pág. 38)
y más adelante,
la belleza es solo una palabra (pág. 44)
Para leer el poemario de Alonso Ruiz Rosas
Estudio sobre la belleza (2010) no se puede obviar a César A. Rodríguez cuando dijo:
“Nada es más ojo que la poesía porque todo lo que es sólo es belleza” (1984:186) A diferencia de Emilio A. Westphalen en su trágica y necesaria
Belleza de una espada clavada en la lengua, Ruiz Rosas; propone una versión contracorriente y una postura unívoca en la revelación de su expresión; ocuparse de la belleza, tal cual la “entendimos” en los años anteriores; disentir con las formas actuales del hacer de la poesía moderna, no es una exquisitez inmediata a su visión personal de las artes escritas, por eso no van a encontrar los lectores de este libro una propuesta desarraigada de las cosas que nombramos con la mirada ya que
Estudio sobre la belleza se enmarca dentro de lo que decía Austin “muchas palabras, especialmente desconcertantes, incluidos en enunciados que parecen ser descriptivas, no sirven para indicar alguna característica adicional, particularmente curiosa o extraña, de la realidad, sino para indicar (y no para registrar) las circunstancias en que se formula el enunciado o las restricciones a las que está sometido” (1990: 43); cuanto menos se advertirá un alegato estético que entra en conflicto con las prácticas formales propias del siglo XX; y una subversión de la palabra desde una óptica personal y “posmoderna”; características ya inherentes de su poética que giró a partir de su obra
La enfermedad de Venus (2000).
Ruiz Rosas contempla las cualidades estéticas anteriores al proceso de la desestructuración de la voz enunciada en los poemas; señala el camino de vuelta; deja entrever el proscrito retorno a la poesía; su discurso en
Estudio sobre la belleza no advierte antojadizamente la necesidad de consagrar la tradición como proceso; señala más bien; un énfasis conceptual de la interpretación humana de lo bello; de allí que leamos algunas impresiones retóricas de “belleza” como:
belleza claridad (pág. 21),
…urgida (pág. 23),
…ofrenda (pág. 30),
…inacabable (pág. 33), …
suspendida (pág. 35), …
anclada (pág. 37),
…decantada (pág. 39),
…despojada (pág. 42), …
replegada (pág. 43),
…testimonio (pág. 46)
…desnudada (pág. 50) y la perenne necesidad de otorgarle un cuerpo en la poesía que lo represente pues busca verbalizar sus orígenes en la totalidad del
mundo cognoscible:
Belleza emerge… (pág. 22),
la belleza convoca… (pág. 24),
la belleza transpira… (pág. 27),
la belleza pasea… (pág. 28),
la belleza congrega… (pág. 32),
la belleza reúne… (pág. 35),
la belleza derrama… (pág. 41)
Este texto no sólo pretende reafirmar la sutileza de la palabra escrita que enaltece al poeta por su búsqueda impresionista de una estética mesurada, sostenida por la influencia clásica; de allí que estructure el texto manifiesto en tercetos endecasílabos y le otorgue un ritmo inusitado desde las prácticas de la vida cotidiana; sin embargo, dicha referencia sostiene aquel
mutatis mutandis que el yo poético recrea como un diástole y sístole que recorre continuamente a lo largo de todo el poemario, de cierre y apertura de la idea alegórica; este elemento de su estética formal no produce ningún desmedro en el enunciado descrito sino que apela a él, pues lo necesita para hacer fulgurar dicha resemantización substancial de la imagen que es sombra (1994:21) de la belleza en su discurso lírico; así nos encontramos con una ruptura en la esencia misma de la poesía contemporánea que se enfrenta desde y con la modernidad; una especie de finta que sólo lo conducirá al conocimiento, no es por gusto que surja en dichas páginas versos como
“en la caverna impulsa inquieta mano” (pág. 39); ello refiriéndose a la famosa historia platónica que señala la diferencia entre el saber y el no saber; entre el mundo interior y el mundo exterior: oscuridad y luz (de oscuridad); siguiendo la misma ruta el poeta dirá:
oye lo bello (pág. 31); como si la belleza necesitara, aspecto por demás aprehensible, de todos nuestros sentidos para poder concebirla en este mundo fragmentado. Y no sólo esto, sino que le otorga la musicalidad como lenguaje, es decir, un orden.
Sin embargo la belleza no sólo está sostenida por la magia del lector que descifra y que es el único que altera con tanta vehemencia el discurso de lo establecido por el poeta; sino que dicha transitoriedad se lanza desde el principio del libro:
la pasajera voz / pregunta / ¿qué hacemos aquí en /medio del / caos? (pág.11), y Alonso sabe abstraer su creación hasta hacerlo coincidir con el sentido de la poesía, que cambia el sentido de las cosas, y es por ello que replantea su propuesta al expresar:
“en medio del caos siempre hay / una canción” (pág.13); y esa es la excusa, la melodía, el sonido que sólo puede ser escuchado por aquéllos que tienen -en la mirada- la belleza de las cosas que forman el mundo de nuestra naturaleza interna. Es por eso que se acepta que la belleza “camina entre nosotros (2002:91), que la belleza es la eternidad que se contempla a sí misma en un espejo. (2002:95). Y, por supuesto, siempre está acechándonos (2005:133). Es así que la estética del autor nos deja la tarea de concebir la poesía en todas partes porque existe una
belleza de la vida (pág. 47),
belleza del paseante, …
del dorado, …del caballo (pág. 48), …
del iluso, …de los actos, …de los júbilos (pág. 49),
…del zapato (pág. 50).
Borges fue proclive a la posibilidad de que “La belleza está en todas partes, quizá en cada momento de nuestra vida” (2005:134). Como se sabe, la poesía no está ni puede estar lejos de la realidad que nos atraviesa con su propio lenguaje olvidado. Poesía es igual a belleza. Por eso es necesario recordar que “sentimos la belleza o no la sentimos” (2005:136) o “La belleza no es más que la verdad de cada uno de nosotros” (2002:32). Mejor comprensión de la poesía, imposible.
Estudio sobre la belleza pretende ser la expresión épica de la palabra poesía; no un subterfugio, ya que la creación de “la sola palabra”, como diría Chocano, no justifica la intencionalidad y no puede ser el único modelo de discurso artístico y mundano que calca la vida en poesía siendo otra cosa y otras vidas a la vez; pues “seguimos siendo exactamente lo que no comprendemos” (2002:81).
FICHA TÉCNICAAlonso Ruiz Rosas (Arequipa, 1959); integra la generación de poetas que surgieron en este espacio de discusión y tradición literaria que tiene el Perú durante los años 80 junto a otros escritores de notable calidad como Oswaldo Chanove, José Gabriel Valdivia, Carlos Herrera; es autor de libros como
Caja Negra (1986),
Sacrificio (1989),
La conquista del Perú (1991),
Museo (1999),
La enfermedad de Venus (2000).
Referencias bibliográficasAustin, John L. (1990)
Cómo hacer cosas con palabras. Ediciones Paidós. España
Chocano, José Santos (1979)
Antología Poética. Editorial Universo. Lima
Borges, Jorge Luis (2005)
Siete Noches. Emecé. Argentina
Fuentes, Carlos (2002)
En esto creo. Seix Barral Biblioteca Breve. España
García Berrio, Antonio (1994)
Teoría de la Literatura. CATEDRA. España.
Rodríguez, César A. (1984)
Cien poemas. Okura Editores. Lima
Ruiz Rosas, Alonso (2010)
Estudio sobre la belleza. Cuzzi Editores. Arequipa, Perú